Entre "circunstancias que impiden el retorno" y "normas que deben cumplirse". Un nuevo paso adelante de la administración de inmigración.

Para que Japón siga siendo un "país abierto" en el futuro, se está revisando el sistema de inmigración.
La brújula de estos debates es el Grupo Consultivo sobre Política de Inmigración y Gestión de Residencias, órgano consultivo privado del Ministro de Justicia. La Mesa Redonda se convoca para elaborar un gran diseño de crucial importancia: cómo equilibrar la "aceptación sin problemas", que apoya el desarrollo económico y el intercambio internacional, con la "gestión adecuada", que protege la seguridad de la sociedad, en consonancia con los nuevos tiempos.
Dentro de esta gran tendencia, las cuestiones relativas a la "detención y repatriación" se abordan ahora con especial urgencia.
La realidad es que tenemos que decir: "Queremos que te vayas a casa".
Hay extranjeros que siguen permaneciendo en Japón una vez caducado su visado por diversos motivos. La función de la administración (Agencia de Inmigración y Control de la Inmigración) es decir a las personas que se han desviado de las normas de acuerdo con la legislación japonesa que regresen a su país. Esto se denomina "deportación".
Sin embargo, la realidad no es tan fácil. Ha habido muchos llamamientos sinceros, como "temo por mi vida si regreso a mi país de origen" o "tengo familia en Japón y no puedo abandonarla". Aunque existen estos llamamientos sinceros, también hay un número creciente de casos que aprovechan las lagunas del sistema, en los que las personas solicitan repetidamente el estatuto de refugiado para evitar regresar a su país.
El dilema del "acomodo" al que se enfrenta el Gobierno
Si aumenta el número de personas que se niegan a regresar a sus hogares, la administración tendrá que tomar decisiones difíciles. Si les permiten vivir libremente en la ciudad tal como están, las normas de la sociedad dejarán de respetarse. Por otra parte, si se les mantiene en instituciones hasta que regresen a casa, cuanto más tiempo permanezcan allí, mayor será la tensión física y mental que soportarán.
Hay que cumplir las normas. Pero tenerlos encerrados todo el tiempo tampoco está bien".
Para resolver esta situación en la sala de juntas, la administración intenta ahora poner en marcha un nuevo mecanismo tras los debates en el grupo de expertos.
Hacia un equilibrio entre "flexibilidad" y "rigor
El nuevo papel que promueve la administración pública consta de dos pilares principales.
- Mecanismo de "vigilancia y espera" (medidas de supervisión). Hasta ahora, la situación se acercaba a una elección entre "alojarlos o dejarlos completamente libres". Esto ha cambiado y se ha creado una opción más flexible, según la cual la persona puede vivir fuera de la institución y hacer los preparativos para volver a casa, a condición de que sus familiares y personas de apoyo la cuiden de cerca.
- Mecanismos para evitar el "abuso del sistema". Aunque se protege rápidamente a quienes realmente necesitan ayuda, el gobierno ha hecho posible proceder a la repatriación bajo ciertas condiciones en los casos de personas que solicitan repetidamente el estatuto de refugiado para eludir la repatriación.
La mirada administrativa para proteger una sociedad justa.
El objetivo del Grupo Asesor sobre Política de Gestión de Inmigración y Residencia no es simplemente reforzar la "represión". Se trata de "proteger un entorno en el que todas las personas que viven en Japón puedan vivir seguras bajo las normas".
Esta reforma es una actualización de un sistema que es a la vez "amable" en su consideración de las circunstancias individuales y "fuerte" en su mantenimiento de la ley y el orden japoneses. La vida de cada individuo y la disciplina de la sociedad en su conjunto. Mantener el equilibrio entre ambas es un papel importante para el gobierno que sostendrá a Japón en el futuro.
